Xavizende de mi corazón

Xavizende de mi corazón

Un rinconcito de paz en México

Frente al Océano Pacífico, en una zona de intercambio entre Chiapas, Veracruz y Oaxaca, se encuentra Juchitán, o, como sus habitantes lo nombran, Xavizende, en honor al santo patrono San Vicente Ferrer. Ahí se cuentan las leyendas que Henestrosa relata en Los hombres que dispersó la danza. El viento del Golfo de México y del Pacífico se une en el Istmo de Tehuantepec, donde arremolina y golpea con violencia, y la temperatura es alta casi todo el año, por eso los juchitecos mitigan el calor con sombreros de palma y árboles frondosos frente a las casas.

En Juchitán la mujer ocupa un lugar importante en la sociedad y la cultura, es la jefa de familia. Las tecas son mujeres empoderadas, fuertes, autónomas y muy alegres; se sienten muy

orgullosas de lo que son. En esta ciudad la familia es muy importante, cada miembro tiene un rol establecido. Los hijos muxhes son vistos como una bendición, y se encargan de ayudar a las madres en el comercio y las tareas del hogar. Ellos también portan trajes regionales y joyas, van a fiestas y bailan con las mujeres.

Cuando las mañanas comienzan puede verse gran actividad en el corazón de la ciudad. Después del terremoto de 2017 el mercado fue renovado, pero el espíritu sigue siendo el mismo que el de antes: huipiles que bailan al compás de los árboles, canastas de palma, flores, alhajas, iguanas atadas, las tecas portan con el mismo orgullo sus trajes y alimentos. El mercado es una fiesta de colores y olores, una pintura magnífica que no se puede capturar a menos que recorras el espacio con la seguridad de que estás viendo algo importante. Sobre todo, es bonito escuchar a las tecas hablar en zapoteco, oír cómo la lengua canta y vive, como si nos contara la historia de su pueblo y su raíz.