Polvo del Sahara: De los males el menor

Ha sido un año difícil, unos tras otros acontecimientos indican que la tierra nos reclama algo desesperadamente. Quizá sólo son coincidencias que, en medio de una pandemia mundial, haya un sismo, lluvias fuertes, y que el polvo de un lugar muy lejano venga a cubrir nuestro panorama. Mientras tanto, en algunos lugares, los animales disfrutan de lo que alguna vez fue su espacio.

Esta mañana, al ver tras la ventana, mi abuelo nos relató sus avistamientos de eclipses, cometas y otros fenómenos naturales, pero es evidente su miedo, nunca estuvo en una situación similar a la que vivimos ahora. “Allá, detrás de todas aquellas casas y esas antenas altas una nube de polvo lo cubre todo”. Mi abuela repite algo que escuchó en la televisión: “ayer fue el día en que murió menos gente”, hace una pausa y continúa, “a manos del crimen y la delincuencia”. Nos sentamos y seguimos mirando a través de la ventana, pensamos en todos los viejos planes que tení

amos para el verano. En la televisión aparecen las medidas de seguridad para protegernos de la polvareda que se aproxima: no salir si no es necesario, mantenerse en casa con las ventanas y puertas cerradas, usar pañuelo o cubrebocas, usar lentes… Medidas que ya habíamos tomado desde antes previniéndonos del Covid-19.

Este año han cambiado muchas cosas, pero no la violencia que sigue presente en todos los rincones. Hemos olvidado que allá afuera aún aguardan temores, los mismos que se encuentran en muchos hogares de nuestro país. Los feminicidios continúan, los asesinatos, violaciones, desapariciones, no se detienen. Los padres y familiares de desaparecidos siguen trabajando para encontrarlos. Y es que mientras la violencia continúe siendo perpetuada por todas partes, mientras la violencia siga viéndose como algo “normal” nada cambiará.

Autor entrada: Patricia Miros