Norman Foster, el arquitecto del mundo

Para Foster, el lápiz es mucho más que la herramienta de trabajo básica del arquitecto: es el medio que le permite dar salida a una creatividad desbordante que no tiene límites; Arquitectura, mobiliario, ropa, libros e incluso maquinas voladoras unipersonales, todo cuanto le rodea es susceptible de diseño y reflexión en sus inseparables cuadernos de dibujo.

Norman Robert Foster nació en la ciudad de Manchester, Reino Unido, en 1935. Fue hijo único y, según ha contado en varias ocasiones, siempre estuvo interesado en estructuras y su diseño. Sus cuadernos de primaria muestran un torreón normando, una mansión medieval o una construcción de entramado de madera del siglo XVI dibujados con una precisión analítica y una madurez técnica que contrastan con la ingenua caligrafía infantil que los acompaña.

Empezó desde abajo y ha llegado hace tiempo a ser el número uno en una profesión de difícil evaluación. Ha ganado en un terreno propio, el del diseño de edificios, integrando todas las facetas vinculadas a su producción, desde la idea con que se inicia el proyecto hasta la forma final, incluyendo el preciso proceso por el que se construyen y ensamblan cada una de las piezas. Esa precisión de ingeniero es, en el caso de Foster, un valor añadido a lo que muchos consideran los límites de la arquitectura, la invención y el diseño.

Las obras de Norman Foster forma parte de nuestras vidas, y ese es el mejor elogio que se puede hacer a un artista. Los nuevos aeropuertos son todos deudores de las ideas que ensayó en la terminal de Stansted, en Londres, y que llevó a la absoluta depuración en el aeropuerto Chep Lap Kok de Hong Kong, contrastadas en la descomunal Terminal 3 del aeropuerto de Beijing, el edificio más grande del mundo. Las nuevas estaciones de metro, en grandes espacios abiertos fáciles de comprender, con circulaciones sobre puentes y pasarelas, son consecuencias de su ejemplar Metro de Bilbao.

En el transcurso de cinco décadas de trabajo Foster + Partners (despacho que él fundó) ha sido responsable de múltiples proyectos urbanísticos, de infraestructura pública, obra civil, edificios culturales, oficinas, aeropuertos, entre otros, con presencia en 35 países de los cinco continentes.

: justify;">Entre los premios por su carrera que ha recibido se encuentran la “Medalla de Oro Real”, en 1983; la “Medalla de Oro de la Academia de Arquitectura Francesa”, en 1991; la Medalla de Oro que otorga el American Institute of Architects, en 1994; y nada menos que el vigésimo primer Premio Pritzker de 1999.

Hace años que Norman Foster propone edificios con una mayor integración entre arquitectura y naturaleza, y opina que la unión de ecología y construcción será la principal transformación del presente siglo. Esa unión de tecnología y naturaleza se agrupa bajo el término ‘eco-tech’, del que es impulsor el arquitecto británico, y promete llevar la evolución de su obra por caminos todavía inexplorados.

Autor entrada: Lea Lakshmi