Mi amigo imaginario que resulto no serlo

Después de mi gran historia acerca de la muñeca poseída que tenía en mi casa, realmente esperaba que otra cosa paranormal no sucediera, así que volví a dormir en mi cuarto, esta vez mi cama se convirtió una litera en la que puse todos mis peluches y muñecas rayadas en la parte de arriba, y aun siendo pequeña en las noches, según relatos de mi abuela, me gustaba subir a la cama de arriba y jugar con mis peluches como cualquier chiquillo.

Una noche mi abuela, hablando por teléfono, se percata que yo comencé a reírme como loca y escucha que le preguntaba cosas a alguien, por lo que fue al cuarto y vio que estaba con mis juguetes, ella me preguntó con quién estaba hablando y yo simplemente respondí que con mi amigo. Claro, a esa edad quien no tiene un amigo imaginario o por lo menos era lo que mi abuela pensaba, que solo era producto de mi imaginación.

Pasaron los días y yo hacía mis cosas normales, salía con mis amiguitas a jugar muñecasy pásar el tiempo como una niña normal. Hasta que una noche, entre todos mis peluches, tenía un chango que cuando le aplastabas el estómago chiflaba; mi abuela saliendo de bañarse, se metió a su cuarto en donde yo también estaba, y en el momento que ella se va a quitar la toalla que le protegía el cuerpo, el chango que estaba allí, comenzó a chiflar. Mi abuela se espantó, pero no hicimos gran alarde, incluso hoy en día hasta nos reímos de recordarlo.

Muchas cosas pasaban ya en la casa, a mi abuelita se le perdían cosas, yo seguía hablando con mi “amigo imaginario”, entre otras. Y ella cansada de la mala vibra que tenía la casa, le platicó a un amigo, que como todo buen veracruzano creyente de cosas paranormales nos recomendó ir a Catemaco a que nos hicieran una “limpia”. La sorpresa que se llevó mi abuelita cuando, al momento de pasarme, la señora que realizaba todo eso me preguntó por mi “amigo imaginario”, yo conteste todo lo que me preguntó, le dije su edad, nombr

e, que era un niño y que le gustaba jugar conmigo.

La señora sorprendida, después de hacerme la “limpia” se dirigió hacia mi abuela, explicándole que no era ningún amigo imaginario con lo que yo hablaba, sino el alma de un niño que estaba atrapado por algún motivo en la casa.

No sé si todos tuvimos amigos imaginarios en nuestra infancia, la verdad no lo dudo y si bien lo cierto es que bien pudo ser un invento de la persona para hacer valer más su labor, tampoco descartaría un tema paranormal, a la fecha aún permanezco con la duda y no recuerdo exactamente cuándo se fue esta sensación del “amigo imaginario”.

Autor entrada: Monika Peredo