Marosa di Giorgio, el camino extravagante

Marosa di Giorgio, el camino extravagante

Sus amigos comentan que siempre fue una chica rara. La podían encontrar todas las tardes en el café Sorocabana, de Montevideo, fumando cigarrillos. Dicen que su vestimenta era una especie de homenaje a los animales: antifaz de gato, broches con mariposas; sus tacones altos parecían salir de la tierra y su cabello envuelto en fuego, por sus tonos rojizos. Coqueta y centro de atención en las tertulias literarias, donde hablaba con sus amigos de arte, cultura y poesía.

Marosa di Giorgio Médici (1932) nació en Salto, Uruguay. Fue hija de migrantes italianos, quienes se asentaron en fincas donde plantaban árboles frutales. Allí transcurrió su infancia, la naturaleza siempre la atrajo: en la mirada poética de la joven Marosa existía un mundo fantástico en estado salvaje y puro que quedó plasmado en su memoria y retomó posteriormente en sus obras. Al vivir en el campo una de sus primeras impresiones fue la del sexo, pues veía “acoplarse” a los animales; su atención se detenía en las moscas que volaban ensambladas y también en la pasión que poseían las gatas.

Además de los acontecimientos del campo, lo que la llevó a la escritura fue su formación católica; estaba fascinada con la figura de la Virgen María y le dedicó su primer poema. Su obra es extensa; en 1989 la editorial Arca, de Montevideo, reunió su obra poética bajo el título Los papeles salvajes. En cuanto a su narrativa se encuentran: Misales (1993), Camino de las pedrerías (1997), Reina Amelia (1999) –la cual fue su única novela–, Diamelas a Clementina Médici (2000), Rosa Mística (2003), La flor de lis (2004) y, más adelante, en 2008, la editorial Cuenco de Plata publica El gran ratón dorado, el gran ratón de lilas, obra que incluye Misales, Camino de las pedrerías, Lumínile y Rosa Mística.

Conocí Misales en 2015 y después tuve la oportunidad de leer gran parte de su obra. Sus libros remiten a varios escritores, desde Santa Teresa hasta Severo Sarduy. Asimismo, en Misales pude sentir gran influencia de Alicia en el país de las maravillas.

La obra de Di Giorgio escapa de una categorización y de un género exclusivo. Al leerla sentimos una especie de onirismo, fluir de recuerdos y sensaciones de la infancia. El tiempo no existe, el mundo está sometido a una constante transformación, como una especie de delirio. Acercarse al universo marosiano es adentrarse en un mundo heterogéneo, híbrido, con sus propias reglas y juegos, y con un lenguaje inusual. La propia escritura de Di Giorgio es un camino extravagante –de extravagancia verbal– que traslada al lector a otro tiempo, a otro imaginario, a otra forma de vida.