Los Paralibros olvidados

Espacios para la lectura sin lectores

Hace unos meses, mientras esperaba el usbito, me detuve a mirar un Paralibros. Siempre lo había visto, pero nunca con detenimiento: libros arrugados por la lluvia, amarillos y empolvados. Seguramente hacía mucho tiempo que nadie había hojeado uno. Miré con atención, pero los carteles se habían borrado también. Recordé que estuve presente el día en que lo inauguraron, en 2015, con motivo del Día del libro.

Paralibros es parte del Programa Nacional de Salas de Lectura en México, uno de los esfuerzos editoriales más importantes de América Latina. Tiene forma de un parabús y presta libros a quien lo desee. A pesar de estar al alcance de todos los que, en este caso, se acerquen a la zona universitaria, el índice de lectura sigue siendo bajo.

Los Paralibros funcionan gracias a equipos de voluntarios que tienen interés por la promoción de hábitos de lectura, mediante estrategias lúdicas, principalmente, para que la gente se acerque. En realidad, son espacios para todo

s, para imaginar, conocer, divertirse, viajar, disfrutar; un portal a un nuevo mundo, al alcance de nuestras manos. Las posibilidades de encontrar algo de nuestro agrado son muchas, desde best sellers hasta clásicos de la literatura; y para los que no saben leer hay libros ilustrados en los que pueden sumergirse.

La cuestión es si esta estrategia ha tenido éxito o no, y por qué los Paralibros lucen solitarios, como si hubiesen sido puestos para observarlos y no para acceder al material que hay dentro. En el tiempo que he estado cerca no he visto a nadie preguntar, pero sí hay quienes acercan el rostro para echar un vistazo a los títulos. Seguramente no he llegado en el momento preciso, en el que alguien espera a los curiosos para ofrecerles algún ejemplar. Sabemos que no es fácil promocionar el hábito de la lectura, pero ¿de qué servirá un Paralibros olvidado?

Autor entrada: Patricia Miros