La historia de los hombres a los que Leonardo Da Vinci amó

La historia de los hombres a los que Leonardo Da Vinci amó

Han pasado más de 500 años desde el fallecimiento del pensador y genio del arte italiano asimismo como del arte mundial y varias exposiciones recorren museos por todo el mundo celebrando el arte de Leonardo Da Vinci.

Nació en Italia, en el pueblo de Anchiano fracción de Vinci el 15 de abril de 1452 siendo hijo ilegítimo de Ser Piero, notario proveniente de una familia florentina de terratenientes de Empoli, sin embargo, su madre Caterina que fuese una hermosa joven campesina no era esposa de Ser Piero, agregándole ahora a esto, una reciente hipótesis de que, según los biógrafos de Leonardo, su madre provenía del oriente.

Leonardo Da Vinci se interesó en botánica y anatomía, investigó profundamente las maquinarias de guerra, el flujo acuático y el vuelo de los pájaros, es algo tan conocido como sus pinturas, sin embargo fue muy reservado sobre sus relaciones más íntimas. Varios escritores, desde el biógrafo del siglo XVI Giorgio Vasari hasta el psicoanalista Sigmund Freud, recorrieron miles de páginas de notas escritas en busca de pistas.

Ahora, a cinco siglos de su muerte, el compositor Alex Mills y el guionista Brian Mullin elaboraron una ópera, llamada Leonardo, que revela la arista más privada del genio renacentista. La obra musical se centra en la relación que Da Vinci mantuvo con sus dos asistentes personales: Gian Giacomo Caprotti, por él apodado Salaí (pequeño diablo), y Francesco Melzi, a quien conoció varios años más tarde.

Salaí, un niño pobre, comenzó a trabajar en el taller de Leonardo en 1490, cuando apenas tenía 10 años, y fue descrito como un pícaro sinvergüenza. Melzi, que llegó en 1505, provenía de una familia noble de Milán y desempeñó un rol similar al de un secretario privado. Ambos fueron reconocidos durante su época por su belleza, y según los estudiosos de Da Vinci, Salaí habría sido el modelo de las pinturas “Baco” y “San Juan Bautista”.

Según los autores de la obra, la relación que Da Vinci mantuvo con ambos asistentes fue mucho más allá del trabajo en el taller. De hecho, los estudiosos coinciden en señalar que fue el compañero del artista, a quien compraba vestimentas caras y llevaba de viaje siempre que podía. Ya en 1910, Freud sugirió que, si bien se rodeó de jóvenes hermosos, la homosexualidad de Da Vinci era latente.

Cuando Leonardo se mudó a Francia ambos lo acompañaron, pero Salaí regresó a Milán y no estaba al lado del maestro cuando murió en 1519. Da Vinci le dejó en herencia solo la mitad de un viñedo y, por el contrario, Melzi heredó los cuadernos de Leonardo y muchas de sus pinturas.

El libreto de Mullin, a su vez, proviene casi en su totalidad de fuentes históricas, siendo las más importantes los propios cuadernos de Leonardo, que el artista zurdo escribió en escritura especular, es decir, de derecha a izquierda y sólo se puede leer usando un espejo.