La Fiesta del Asno

La Fiesta del Asno

La fiesta del asno (festum asinorum) gozó una presencia en la Europa Occidental del siglo XI. La liturgia a este animal se debe a que transportó a María, José y Jesús en su huida a Egipto. La fiesta del asno ocurría el 14 de enero y conmemoraba la huida de la Sagrada Familia a raíz de la Matanza de los Inocentes, perpetrada por el rey Herodes. Para la celebración una mujer joven interpretaba el papel de María y era transportada en un asno con un niño que representaba a Jesús. Escoltados por las calles hasta llegar a la iglesia, donde el asno, ornamentado con magnificencia, era situado en un lugar próximo al altar, donde permanecía durante la misa. La celebración iniciaba: “Desde el oriente el asno a llegado, hermoso y muy valiente, bien equipado para llevar cargas. ¡Venga, señor Burro y canta! Abre tu hermosa boca. Habrá heno y avena en abundancia para ti”.

Tras esto se entonaba la “Prosa del Asno”, elogio de las cualidades de la criatura. La celebración era un exceso, por el consumo desproporcionado de alcohol o la “fornicación” y otras conductas sexuales en circunstancias de índole orgiástica, lo cual motivó su condena por parte de un sector de la iglesia.

El asno se hallaba asociado a valores mundanos como la estupidez, la fuerza o la virilidad. La fiesta mostraba la ambivalencia del ser humano, a

medio camino entre la animalidad y la divinidad. Coronado con una mitra y reverenciado como un obispo, el asno se configuraba como un símbolo del mundo al revés y su grotesca inversión de las jerarquías; dominado por sus instintos, ejercía como un recordatorio de la vulnerabilidad del individuo frente a la tentación.

Con el paso de los siglos, la fiesta del asno asistió a una pérdida gradual de su identidad, que terminó por diluirse en el seno de otras festividades navideñas, como la fiesta de los locos, hasta desvanecerse por completo en los albores de la modernidad.