Arte Kitsch: Origen y comprensión

Pasé muchas veces frente al bar xalapeño llamado Santos Kitsch, que en las noches se convierte en un punto de reunión para jóvenes que buscan divertirse y tomar unas copas mientras bailan ritmos como reggaetón y cumbia. Pensaba en cuáles son las formas actuales de designar la belleza y la fealdad; y, estos términos que a través de los siglos han tenido distintas manifestaciones quiénes los designan. Además, con el llamado “arte posmoderno” se ha puesto en la mente de todos la reflexión sobre qué es arte y cuál es su fin.

Volviendo a los términos belleza y fealdad, éstos no siempre son atendidos conforme a criterios estéticos, sino también por criterios políticos, sociales, culturales, económicos. Por ejemplo, es bien sabido que la fealdad se da como fenómeno social, y

que las “clases altas” han considerado ridículos los gustos de las “clases bajas”. Como fenómeno cultural son los “expertos”, es decir los intelectuales, artistas y las “personas cultas”, quienes determinan cuál es la vanguardia; aunque hablar de estos términos es entrar en un campo extenso y difícil.

Kitsch, la palabra se remonta al siglo XIX, cuando turistas americanos en Munich querían adquirir un cuadro barato y pedían un sketch, es decir un esbozo. Al parecer, en el dialecto mecklemburgués existía el verbo kitschen que significa “recoger barro en la calle”, cuya otra acepción significa “trucar muebles para hacerlos aparecer antiguos”. De esta manera la alta cultura considera kitsch las estatuillas devocionales, los enanitos de jardín, los cuadros de santos, lo grotesco… Sin embargo, el peso de la mirada no es suficiente para invalidar una de las manifestaciones culturales del hombre, lo kitsch gusta y disgusta, pero ¿nos detenemos a pensar qué es y qué nos provoca los kitsch?, ¿acaso debería provocarnos algo especial?

Autor entrada: Patricia Miros