Venus de Milo: ¿Dónde están sus brazos?

Es importante, antes de comenzar a ahondar más en la historia, aclarar que la Venus de Milo no es Venus sino Afrodita, los afortunados que han podido deslumbrarse con su belleza en vivo podrán recordar que los letreros de su ubicación en el Louvre dicen “Venus de Milo” y entre paréntesis “Aphrodite“, que es su verdadero nombre. 

Pero entonces, ¿por qué le llaman la Venus de Milo?, es fácil: La escultura fue encontrada en la isla de Milo, que es parte del archipiélago de las Cícladas. Ahora Venus es la representación romana de la diosa griega Afrodita, es decir que son la misma diosa, pero como la escultura es griega por tanto la diosa que representa no es Venus sino Afrodita; es el folclore popular el que nos ha hecho conocerla más por un nombre que por el otro. 

“La Venus” fue construida en el periodo helenístico, que empieza justo cuando murió Alejandro Magno y termina con la muerte de la última de los Ptolomeos, Cleopatra VII. Se piensa que la estatua fue construida entre el 130 y 100 a. C. justo en el declive de la hegemonía griega y el ascenso del poderío de Roma. Se dice que en su momento de ser concebida la escultura contenía los brazos de la siguiente forma, uno de ellos sostenía su túnica, mientras que el otro lo mantenía extendido con la manzana de la discordia mientras le ofrecía a París de Troya el amor de Helena de Esparta, situación que sabemos desencadeno una gran guerra. 

Pero en su momento dicha representación no fue apreciada como en el mundo contemporáneo, así la escultura paso al olvido durante dos milenios hasta que un campesino llamado Yórgos Kendrotas encontró en Milo un brazo de mármol sosteniendo una manzana, empezó a cavar y encontró la escultura partida en dos. Yorgos mantuvo la escultura oculta en su granero mientras se la ofrecía a diversos compradores que él consideraba podían estar interesados, fue el embajador francés Jules Dumont quien después de una asidua pelea con los turcos logro hacerse con ella, es justo en ese conflicto con los turcos que se dice que “La Venus” perdió sus dos brazos y adquirió su ahora característica forma. Dumont entrego la escultura al Rey Luis XVIII, quien a su vez la cedió al Louvre. 

Tiempo después, en 1960, un grupo de arqueólogos turcos se presentaron frente al director del museo para indicarle que ellos tenían los brazos, y que

si el mundo deseaba ver la obra completa esta debería ser entregada a Turquía, pero tanto el director como la comitiva del museo se negaron rotundamente ante lo que ellos consideraban un chantaje cultural. 

Hasta el día de hoy los turcos sostienen que ellos tienen en su poder los brazos de Venus, aunque nadie los ha visto jamás, pero el mundo ha aprendido a admirar la belleza de Venus con sus cicatrices, convirtiéndose estas en un símbolo más de su belleza y en una lección más de como con o sin cicatrices uno puede alcanzar la perfección. 

Autor entrada: Editorial 100 Toque

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