¿Quién inventó las groserías?

El lenguaje soez o procaz está hecho de expresiones conocidas como malas palabras, inapropiadas, o palabras altisonantes, que se usan para insultar o denigrar a otros y para expresar enojo o desprecio, aunque hay quienes las usan con tanta frecuencia que ya solo quedan como expletivos, ósea, indicadores de énfasis. Tradicionalmente también han sido indicadores de vulgaridad, de que quien las usa es alguien ordinario, carente de educación y de finura.

Es imposible saber quién fue el primero en decir malas palabras, pues se inventaron mucho tiempo antes de que existiera la escritura, además, muchas palabras que hoy consideramos inapropiadas no siempre fueron groserías, y muchas que eran groserías antes ahora no lo son, sin embargo, las expresiones ofensivas han existido desde que inicio la expresión humana. Todos los idiomas y todas las culturas tienen un vocabulario soez.

Las groserías hacen referencia a conceptos que consideramos “tabú” temas de los que se supone debemos evitar hablar. Las palabrotas generalmente hacen referencias a tres tipos de tabús:

  1. A suciedad, son muy comunes las groserías que invocan sustancias que instintivamente provocan asco o desagrado, como excremento, mugre, secreciones corporales o las partes del cuerpo que las produce, también hay términos relativos a animales considerados sucios
  2. Sexo, una buena parte de las groserías se refieren a actividades sexuales, sobre todo si en una cultura se consideran vergonzosas. Por ejemplo, los romanos en su sociedad patriarcal consideraban ofensivas las palabras que implicaban que un hombre se subordinara ante una mujer durante la relación sexual
  3. Religión, para muchas culturas los temas sagrados no deberían ser mencionados fueras del ámbito de la religión, por lo que relacionar términos sagrados con procacidades es especialmente transgresor, pues en el cristianismo hay prohibiciones explicitas a mencionar el nombre de Dios en vano. En la edad media, si alguien quería verse muy rudo juraba por los clavos de cristo o llevaba a las reuniones objetos sagrados en tono de burla.

Otro modo de insultar, aunque no es precisamente tabú, es hacer alusión a la poca capacidad intelectual de alguien, posiblemente comparándolo con algún animal considerado tonto o incluso aludiendo a trastornos mentales. Es muy común, sobre todo en las culturas latinas, insultar a alguien invocando a su madre, este insulto es par

ticularmente ofensivo porque se aprovecha de los sentimientos de lealtad hacia la progenitora.

Se ha dicho que las groserías empobrecen nuestro vocabulario, pero un estudio encontró que las personas con más amplio vocabulario también tienen un amplio vocabulario de palabras vulgares.

Las groserías se relacionan con partes profundas del cerebro, relacionadas con el sistema límbico y el procesamiento emocional, es por eso que nos salen automáticamente cuando, por ejemplo, nos damos un golpe. Muchos estudios demuestran que esas expresiones tienen efecto analgésico, ayudan efectivamente a aliviar el dolor, sobre todo si la persona no los acostumbra usar cotidianamente.

Autor entrada: Crystal Morales