Mi primera experiencia paranormal

Mi historia es un poco vieja, ya que todo sucedió cuando yo contaba con 5 o 6 años de edad, he vivido con mi abuela y ella sí es muy creyente a todas esas fuerzas paranormales por acontecimientos de su vida, pero esta fue la primera que nos sucedió.

Recuerdo que mi padre me regaló una muñeca vestida como Cenicienta, era de porcelana, tenía unos rizos hermosos y ojos color azul. Yo la cuidaba mucho ya que me daba miedo que se rompiera, así que la dejaba en una tablilla que tenía en mi cuarto a una distancia no tan alta de mi cama. Mi abuela hacía sus cosas y a mí me gustaba salir en bicicleta cerca de la casa, luego llegaba a tomar agua o solo a jugar con mis juguetes.

Todo marchaba bien en la casa, yo jamás había tenido experiencias paranormales pero una que otra vez veía con mis primos y tíos películas de terror, y debo confesar que solía pensar mucho en cosas que podrían suceder, pero en fin, todo como una niña inocente.

Un día regresando de jugar recuerdo haber puesto mi muñeca en el mismo lugar de siempre, pero caí en cuenta que, la muñeca estaba sentada en mi cama. Como les mencioné, yo no había tenido experiencia en cosas de fantasmas y lo dejé pasar.

Ya no sentía lo mismo con ella en el mismo lugar que yo, el cuarto se sentía raro, yo cada vez que veía a mi muñeca sentía miedo y siempre se movía en mi cuarto cuando yo me iba. Así que le dije a mi abuelita que yo no quería dormir ya en mi cuarto y una noche, teniendo un mueble para la tele y la muñeca abajo, enfrente de la recámara, solo podía sentir su mirada y ni siquiera podía dormir, de modo que le dije a mi abuelita que sacáramos a la muñeca al patio, mi abuela mirándome con cara de “wtf, estás loca”, accedió, y la pusimos en una estructura que tenemos para asar carnes, y a lado de ella, unas sillas.

No sé cómo ni por qué, mi abuela ya durmi

endo, se escucha un golpazo afuera, a lo que yo, media despierta, le hablo a mi abuelita para que escuchara, ella súper molesta me acompaña afuera a ver qué había sucedido; pensamos en los gatos, el aire, otra cosa ¡yo qué podía saber! Pero nos dimos cuenta que la muñeca estaba en una silla y la otra estaba tirada.

No podíamos creerlo (menos mi abuela), pero yo temerosa le dije que jamás quería volver a ver a esa muñeca. Entonces la regalamos y misteriosamente, la muñeca en otro lugar, no hizo nada parecido a lo que a mí me pasó. 

Autor entrada: Monika Peredo