La Vampira de Barcelona

Este relato es acerca de una señora proveniente de España y nacida en 1868, María Enriqueta Martí. Muy poco se sabe de su infancia, pero en su adolescencia se dedicó a ser niñera y prostituta entre otros oficios que le permitieron sobrevivir hasta terminar casada con un pintor, aunque este finalmente terminó por dejarla ante su excéntrico comportamiento, mal caracter y renuencia para abandonar su vida como sexo servidora.

Esto no la deprimió ni mucho menos, al contrario continuó llevando una vida bastante peculiar, de día mendigaba yendo a casas de caridad y de noche se vestía de gala y asistía a los eventos de la alta sociedad.

Años atrás se le había descubierto un burdel, donde explotaba sexualmente a niños de 3 a 14 años, pero lo que no se sabía era que los secuestraba a base de engaños, después de que le servían en su sucio negocio, los mataba y utilizaba sus flujos corporales como ungüentos y pociones, vendiéndolos a gente muy poderosa, diciendo que esta les daría la juventud eterna y que curaría la tuberculosis. Con sus contactos burgueses movió fichas para que su crimen fuera destruido sin dejar nada sospechoso para su reputación. Pero su suerte no duraría tanto…

Todo comenzó con la desaparición de una niña llamada Teresita en 1912, que, en una salida con su madre, decidió soltar su mano e ir a jugar con otros niñas, su madre estaba conversando con otra persona, así que no le dio mucha importancia; al buscarla, no la encontró por ninguna parte y al parecer los niños tampoco sabían en dónde se podría encontrar. Desesperada decidió reportarlo con la policía y se abrió un caso para la búsqueda de la niña.

La madre había escuchado de la desaparición de varios niños en ese lugar de Barcelona, pero investigando sabía que la policía no había hecho nada por buscarlos, dejando a las madres sin respuesta por parte de las autoridades.

Debido a la insistencia de esta señora y la desesperación que tenía por encontrar a su hija, no le quedó de otra a la policía que ir a investigar el lugar en donde vivía Enriqueta, ya que era la única sospechosa en todas las desapariciones que ellos tuvieran reconocible.

La primera vez que la buscaron, no la encontraron, así que regresaron una segunda ocasión en donde pudieron hacer contacto con dos pequeñas que se encontraban en el patio de la residencia, una se llamaba Felicidad y la otra Angelita; la policía decidió preguntarle a Enriqueta el motivo por estos nombres tan peculiares a lo que ella respondió que no tenía idea, que las había encontrado días atrás solas y decidió llevarlas a su casa. En el lugar también se encontraba un niño de nombre Pepito, pero Enriqueta supuestamente no sabía quién era.

Tras llevarla a juicio por sus arrestos años antes debido a sus burdeles clandestinos, tuvo varios testigos de la alta sociedad que negaban tales hechos atroces, pero los más impactantes fueron los de las niñas…

Claramente Teresita era “Felicidad” y en su testimonio confesó que al llegar a la casa de Enriqueta decidió cortarle el cabello, diciéndole que desde ese momento le diría madre en la calle, pero lo curioso era que nunca la dejó salir o por lo menos asomarse por las ventanas, aunque cuando su “madre” no estaba, lo hacía en secreto junto con Angelita. Solo las alimentaba con papas y pan duro, jamás las golpeó, pero cuando éstas se portaban mal, las pellizcaba muy fuerte.

En las declaraciones de Teresita relataba que en una ocasión, estando solas ella y Angelita, decidieron entrar a los cuartos que su madre les tenía prohibidos, entrando a uno encontraron una bolsa en donde había un cuchillo enorme y ropa de niño con sangre. Angelita sí llegó a conocer a Pepito, lo describió como un niño rubio de su misma edad con el que jugaba hasta que un día ella pudo observar en la noche cómo Enriqueta puso al niño sobre la mesa y lo empezó a acuchillar, la niña al no poder gritar, decidió irse a su cuarto y quedarse dormida.

Fueron a investigar las viviendas en las que había habitado Enriqueta encontrando algunos restos humanos, la investigación arrojo que tenía por costumbre secuestrar niños de familias muy pobre, se encontraron restos humanos en falsas paredes y otros lugares de sus casas, algunos

más frescos que otros y todos correspondientes a niños de diversas edades, también hallaron una lista en un papel pergamino con nombres de importantes y poderosas figuras, pero al no tener evidencia del uso de la lista y para no hacer un revuelo en la población por dichos nombres, las autoridades decidieron encubrirla.

En la cárcel María Enriqueta intentó matarse en numerosas ocasiones, pero todas eran en vano ya que nunca lograba su cometido, le dieron cadena perpetua pero no resistió, muriendo en el año 1913, en las teorías de su muerte algunas dicen que fue asesinada por sus mismas compañeras de celda y otra es que le dio cáncer de útero.

Autor entrada: Monika Peredo