Ikigai: La filosofía japonesa para encontrar el sentido de la vida

Según los japoneses, todo el mundo tiene un “ikigai”, lo que se traduciría como “razón de ser”, “el sentido de la vida” o “aquello para lo que hemos sido llamados”. Algunos lo han encontrado y son conscientes de ello, pero otros lo llevan dentro y todavía lo están buscando.

Su representación gráfica no es piramidal sino más parecida a los pétalos de una flor y dentro de cada uno se encuentra lo que amas, en lo que eres bueno, aquello con lo que te puedes ganar la vida y lo que necesita el mundo. Sólo en la confluencia de todos ellos se encuentra el ikigai, tu razón de ser.

La idea la destaparon dos españoles, Héctor García, ingeniero valenciano que vive en Japón desde hace 12 años y su amigo Francesc Miralles, periodista barcelonés, los cuales publicaron el libro Ikigai: los secretos de Japón para una vida larga y feliz, publicado en 2016. Juntos decidieron viajar al pueblo de Okinawa que concentra la mayor población de centenarios del mundo, entrevistaron a muchos de ellos, y cuando les preguntaban por qué tenían tantas ganas de vivir la palabra que pronunciaban era ikigai.

El objetivo último del ikigai no es la felicidad, si no identificar aquello en lo que eres bueno, que te da placer realizarlo y que sabes que aporta algo al mundo. Cuando lo llevas a cabo, tienes más autoestima, porque sientes que tu presencia en el mundo está justificada. Sin embargo, existen personas que sienten que no poseen habilidades especiales ni objetivos que cumplir. “Eso es una creencia equivocada”, dice Miralles. “Por eso es importante mirar atrás y tratar de recordar qué cosas hacías bien cuando eras niño. Todos los niños tienen un don natural: unos para el dibujo, otros para la música, el baile, el deporte, etc. Lo que ocurre es que estos talentos, cuando llega la edad adulta, se tapan y es cuando uno se pregunta: ‘¿Qué he hecho con mi vida?”.

Para saber cuál es nuestro ikigai, Francesc Miralles aconseja, como punto de partida, responder cuatro preguntas:

  • ¿Cuál es mi elemento?: Hay personas que se sienten cómodas haciendo cosas solas, y a las que les estresa estar en grupo. Su ikigai no podrá ser enseñar, ni dar conferencias, sino una actividad más recogida
  • ¿Con qué actividades se me pasa el tiempo volando?: Es otro indicador de que se trata de una pasión por desarrollar, asegura.
  • ¿Qué te resulta fácil hacer?: Hay gente que tiene facilidad para poner orden en documentos, o comprender diferent
    es puntos de vista.
  • ¿Qué te gustaba cuando eras niño?: Podremos saber si nuestro ikigai está en actividades artísticas, intelectuales, de ayuda a los demás, de pensamiento científico, etc.

 

Así pues, merece la pena luchar por hacer de nuestra pasión nuestra actividad laboral. Como decía Confucio: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”.

Autor entrada: Lea Lakshmi