Azul Maya, el intenso pigmento prehispánico utilizado en sacrificios

Al recorrer las grandes zonas arqueológicas mayas nos encontramos con los vestigios de una civilización que tras desaparecer dejó atrás pirámides y templos que han aguantado el paso del tiempo. Pero lo que se nos hace difícil imaginar es todo aquello que los siglos se llevaron. Cada construcción estaba llena de brillantes colores y murales que decoraban sus muros, entre todos los tonos, destacaba el color azul intenso que esta civilización inventó y que terminó por hacer historia.

El azul maya destaca entre los pigmentos históricos conocidos debido a sus excelentes propiedades: no solo posee un color intenso, sino que es resistente a la luz, a la biocorrosión y al calor moderado, no se decolora ante el ácido nítrico concentrado, los álcalis ni los solventes orgánicos, y los murales ejecutados con él han tolerado bien la humedad durante cientos de años. Es considerado el primer pigmento orgánico estable. En cuanto a su color, en las muestras arqueológicas puede ser azul, turquesa o azul verdoso y más o menos claro u oscuro, diferencias que se atribuyen a variaciones, intencionales o accidentales, en su proceso de fabricación o a la técnica de pintura utilizada (mezcla con blanco, aplicación sobre otro color más oscuro).

Existen investigaciones como las de Constantino Reyes-Valerio, un químico mexicano que realizó varias pruebas para aproximarse a los métodos utilizados por los indígenas para elaborar

el Azul Maya, que cabe mencionar está elaborado con el pigmento añil obtenido del machacamiento de las hojas y tallos de la planta Indigofera suffruticosa y distintas arcillas como paligorskita, atapulgita, sacalum, montmorillonita, éstas últimas agregadas como fijador para que no se desvaneciera con el sol.

Este color se utilizaba en ceremonias para Chac, el dios de la lluvia, por lo que las personas que serían sacrificadas se les untaba una preparación para que así se distinguieran. En general, en los murales, figuras y vestigios, se relaciona esta tonalidad con las ofrendas de sangre. El Azul Maya continúa sorprendiendo a los historiadores, dado que algunas pinturas datan del 300 – 450 d.c. y aún conservan su tonalidad brillante, por lo que su preparación debió haber sido un proceso hecho con sumo cuidado.

Autor entrada: Lea Lakshmi